Saturday, December 10, 2005

Caravaggio



Al final nos quedamos sin Caravaggio y él se quedó sin nosotros, de lo cual, quién sabe, sus lienzos no deberían sino alegrarse. Perdimos el tren que queríamos, cogimos el siguiente, de modo que llegamos tarde, y yo no estaba de ningún humor, simplemente no estaba, en ninguna parte ni nigún sentimiento, así que a petición tácita de mi abulia se eliminaron los museos del orden del día. Él sabe de qué va todo...
Visitamos librerías, todas las que pudimos, y pateamos calles por las que de ordinario no nos movemos. Pero ya no es lo mismo. Al menos para mí. Barcelona se me ha muerto en el alma. O me la han matado... Tanto da, el caso es que no está, se ha evaporado. Ya no quiero vivir aquí, ni solo ni con ella. Ni con nadie.
Si algún día me marcho y no es para irme al otro barrio todavía, creo que dejaré Catalunya, esta tierra que me vio nacer y a la que nunca he pertenecido. Fuera de aquí. Fuera. Muy fuera de aquí; de esta ciudad muerta de mercaderes y de esta tierra baldía de lloradores.
La anécdota del día ocurrió en Gigamesh, la librería de los gafapasta de toda índole, la Meca de los frikis de amplio espectro. Yo miraba los nuevos ejemplares de una revista que dejé de comprar y escuché a mi espalda algo así como "apá, ishiiii" , a lo que una voz adulta respondió "¿Tienes Pipí? Ala venga, vamos a la calle..." He aquí otro probe condenado, pensé, y seguí con lo mío, que no duró mucho, todo es decirlo, porque a aquella altura de tarde andaba ya algo cansado y harto y enseguida pasamos por caja habiendo comprado sólo un libro entre los dos. ¿Y con quién me topé de bruces nada más salir de la librería y alzar la cabeza? Con Álex de la Iglesia, tal cual orondo es, cabalgados sus amplios hombros por una niñita expectante. Durante un segundo lo miré, lo reconocí, y pensé: "¡Coño!, él...", y él también me miró, aunque supongo que no pensó nada parecido a lo mío. Deduje que él y y el condenado a mi espalda de minutos antes eran Uno y el Mismo y que la niña que anidaba en su espalda era la meona fuente de dicha condenación; esto es, su hija. A su lado había una mujer y otro hombre, sólo él también reconocible: Pepón Nieto, ése actor... Las gafas del director de "El día de la Bestia", como muchos sabéis, son de pasta, no a lo Woody Allen pero algo así, de modo que eso podría explicar ciertas cosas, tal vez..
El viaje de regreso fue horrible. 1 hora y 50 minutos para recorrer 100 km. ¡Y los hay todavía por ahí que se creen en el siglo 21! Compré tan solo 2 libros, todo un récord de raquitismo para quien esto escribe: "Breviario de los Vencidos" y "Cuaderno de Talamanca", los dos de Cioran.
Éste último, para mi desgracia, resultó ser una edición defectuosa que escamotea 16 de su páginas centrales porque repite su primeras 16, de lo cual se desprende que los 8 euros que costó el libro, habida cuenta que el tomito sólo va algo más allá de las 60 páginas, es una de las más ruinosas inversiones librescas que he llegado a hacer en mi vida.
Y lo peor de todo es que no lo puedo cambiar, porque cuando me di cuenta de la tara esta mañana ya iba por la página 30, con todo un reguero -no rojo, sino rosa fosforescente- de innúmeros subrayados detrás...
De todos modos no deja de tener su pequeña cabrona ironía lo de encontrarle un libro tarado precisamente a Cioran... y precisamente yo, que ando y me sé tarado, y ya últimamente hasta me lo dicen, que necesito ayuda profesional. Aunque ya sé que sólo la cogerán, la ironía, aquellos valientes suicidas que hayan leído al rumano.
Por lo demás, es difícil, y más ahora que se acercan esta malditas fiestas que siempre me atacan, lo de centrar la agonía y todo eso, como dice Laura. Creo que me pesan demasiado el alma y el ego, y no tengo ninguna gana de ponerme a hacer ejercicio para perder kilos, y se me hace cada vez más difícil todo esto; dialogar con la pantalla, negociar con el teclado, y en general resistir todo este crudo frío, afuera y adentro.

Sunday, November 27, 2005

Papini

Acabo de leerle unas pocas máximas y aforismos a Giovanni Papini y no he podido sustraerme al contradictorio impulso de ponerme a escribir esto.

"Si los escritores leyeran menos y los lectores no escribieran, los asuntos de la literatura irían mejor".


Me gusta. Es genial. Porque no deja de ser una tremenda boutade que, cual ouróboros, se devora la cola antes incluso de haber criado cabeza, siendo al tiempo una tan lúcida verdad, dura e inmisericorde como un día sin siquiera un duro beruco de pan que echarse al diente. Además, también, toda una certerísima patada en la entrepierna a toda la blogósfera.
"Puede ser que los muertos -si tienen conciencia y memoria-tengan miedo de la vida como los vivos tienen miedo de la muerte. Son simples sombras, sencillas y tranquilas, sin fatigas ni responsabilidad ni servidumbre corporal, libres de los achaques y de los afanes de la aventura terrestre. La idea de renacer, de tener que volver a aquella penosa y dolorida forma de ser, los aterra. <<¡Dios mío, sálvame de la vida!>>".
De lo cual se desprende que espíritus y fantasmas, entes ectoplásmaticos de toda ralea que venís a perturbar el sueño de los vivos, más que tener asuntos pendientes por liquidar en este mundo, lo que debéis padecer, pobres míos, es una falta de memoria del todo penosa y lamentable...